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Estos 32 Maestros extraterrestres se ubicaron en galerías subterráneas
en una región secreta del desierto de Gobi en Asia. Desde allí
velarían por la quinta humanidad. Se trataba pues, del Disco Solar, una llave que
abre las puertas entre las dimensiones y que puede "llevar"
al planeta entero al Real Tiempo del Universo. Así mismo, el Disco
representaba al Sol Central de la galaxia, fuente importante de energía
que llega a toda nuesta Vía Láctea, bañándola
con la transmutadora fuerza de la Luz Violeta. El Disco Solar se constituiría en el santo emblema
de la Hermandad Blanca, representado gráficamente con la figura
de tres círculos concéntricos: los tres planos, los
tres universos, la trinidad sagrada y la Ley del triángulo.
En la Atlantida, un Estekna-Manés o Guardián de Registros era un ser que requería poseer físicamente los códigos genéticos de una raza del espacio y otra de la Tierra; es decir un Mestizo o Estekna. Además el guardián debía haber superado las más duras pruebas que lo ratificaban como un Mentor o Manés. El desarrollo de facultades psíquicas y el camino espiritual (es decir, la evolución en los tres planos, físico, mental y espiritual) fue el derrotero de aquellos atlantes que se mantuvieron firmes por las sendas de la Luz. Luego de ello, los Altos Maestros de la naturaleza entregaban al nuevo Guardián un poder, para que éste defienda los archivos de su pueblo que estarían en su custodia.
Entre las afirmaciones que Alcir brindó, se encontraba la historia de los "Tres Héroes", altos líderes de la Atlántida y que en todo momento velaron por la seguridad de los registros. Fueron ellos los que sugirieron emigrar a moradas subterráneas que serían construidas en todas partes del mundo; los Tres Héroes fueron también los que recibieron de los 32 Mentores de la Luz el sagrado Disco Solar y los archivos. Así, los Mentores, luego de confiarles la magna obra, le entregaron el Disco Solar, que sería colocado en un templo subterráneo cerca al actual lago Titicaca. Este lugar era llamado "Ciudad Eterna", la antigua Wiñaymarca del gran Huyustus, el primer Gran Maestre de los sacerdotes salvados de las aguas.
Ciudad Eterna se mantuvo activa por miles de años; su maravillosa arquitectura se erguía desde las galerías intraterrenas hasta sobrepasar la helada superficie andina, mostrando sus colosales paredes y sus finos grabados en la roca. Este centro espiritual, la legendaria Wiñaymarca, que otrora fue resplandeciente en las cercanías del lago sagrado, cobijó una estirpe de sabios, herederos de un conocimieto antiguo y de una noble responsabilidad; así era Ciudad Eterna, cuyo único testimonio se ampara en las leyendas y en las ciclópeas ruinas de Tiahuanaco.
Uno de los descendientes directo de Huyustus se dirigió hacia una isla del gran lago sagrado, él sabía en qué lugar - la actual isla del Sol en Bolivia - se encontraba un antiguo túnel que le ayudaría a escapar del peligro. Este hombre, hábil e inteligente, sería conocido más tarde como Manco Cápac o Ayar Manco. Manco Cápac comprobó que muchos hombres se hallaban en estado de barbarie, y lejos de sentir rechazo hacia ellos, se apiadó del ritmo tan violento que llevaban. Fue así, que guiado por una fuerza superior, decidió ayudar a aquellos pueblos, para que estos conocieran la Luz de la civilización. La Confederación Galáctica aprobaba sus intenciones y le otorgó el apoyo necesario para iniciar lo que se denominaría Proyecto-Inca. Cabe mencionar que Manco Cápac no estaba solo. Ayudado por su hermana de sangre, quien es mencionada en las leyendas andinas como Mama Ocllo, iniciaron el proyecto.
El lugar para sembrar las bases de una nueva civilización se llevaría a cabo en el Qosqo (Cusco), lugar magnético que reunía las condiciones para servir de escenario a una elevada cultura. Los primeros tiempos de lo que podríamos llamar la "segunda dinastía Inca", - la primera corresponde a Tiahuanaco - transcurrieron con suma felicidad, paz y abundancia. No pasaría tiempo para que Manco Cápac revelara la existencia del Disco Solar; así, antes de su muerte, le confió a Sinchi Roca, su sucesor, la entrada secreta al recinto subterráneo que se hallaba a orillas del lago Titicaca, conocido antiguamente como Mamacota o Puquinacoha (lugar de origen). El Disco fue hallado y de inmediato fue trasladado al Koricancha de Cusco, el templo de oro dedicado al astro solar.
Desde el centro principal de la Jerarquía, construido bajo tierra en las selvas de Madre de Dios (actual Perú) - luego de la destrucción de la Atlántida -, llegaron tres emisarios al Imperio, advirtiendo el desenlace fatal que se aproximaba. Los Maestros Incas sabían que los enviados del reino intraterrestre se hallaban en lo cierto, ya que diversas señales que habían venido observando apuntaban al final del Imperio Inca. Entonces, luego que se marcharon los emisarios, los ancianos quipumayoc del imperio escondieron todos los archivos que pudieron reunir de la cultura andina; de igual forma llevaron el Disco Solar hacia un lugar seguro. Un disco fabricado en oro puro, idéntico al original, sería puesto en reemplazo en la pared del Koricancha - esto para no despertar sospechas. Es interesante saber que el galeón español que se llevó la réplica del Disco Solar nunca llegó a su destino. En 1533, con la peregrinación de Choque Auqui hacia la selva, el verdadero Disco Solar y los archivos serían puestos finalmente a salvo (la huida del legendario Choque Auqui - presunto hermano de Huáscar y Atahualpa-, junto con un amplio grupo de Maestros y demás personajes del Imperio hacia la jungla, obedecía a motivos muy profundos). Se dirigieron precisamente allí, al Antisuyo mítico, porque los incas sabían muy bien de la existencia de una ciudad de "dioses" muy antigua, y sólo comparable en esplendor con el Qosqo; es por ello que del quechua Paykikin Qosqo (parecido a Cusco) vendría la palabra Paititi.
Según el Maestro Alcir en su diálogo con Ricardo González, el Disco Solar se encuentra actualmente en Paititi.
Los achivos históricos de Mu y Atlántida, que datan desde tiempos inmemoriables, se hallan reunidos en las galerías subterráneas de Paititi. Así mismo, los archivos perdidos del Imperio Inca y otras culturas que aun nos son desconocidas, se hallan también en el mundo interior. Además las planchas metálicas y los cristales de información que contienen pasajes extraídos del Registro Akáshico se hallan al lado de los archivos antes mencionados. Los 32 Mentores de la Luz dieron estas planchas de secreta simbología y los poderosos cristales a los sobrevivientes atlantes, junto con el sagrado Disco Solar, que es la llave entre las dimensiones y que, por consecuencia, podría "leer" el Archivo Akáshico, el cual es llamado por los Guías y Maestros, "El Libro de los de las Vestiduras Blancas".
Para mayor información sobre el libro,
"Los Maestros del Paititi", de Ricardo González, |
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